



Una tarde fresquita de febrero fuimos a ver a la niña de las flores a su agronómico trabajo y Rodrigo me señaló desde su silla Mclaren (pijaco) unos troncos que me llamaron la atención. El resultado del acercamiento fotográfico, esta miniserie.
Se admiten comentarios, críticas malédicientes y enseñanzas varias. Eso sí, como me llameis maricón por mi terrible sensibilidad os corro a gorrazos.
PD: ¿A quién coño me dirijo? Mmm.